Los Funko Pop son los muñecos cabezones favoritos para coleccionistas. Hay Funkos de Fortnite, Funkos de Harry Potter, Funkos de Marvel... y prácticamente de cualquier franquicia que te pueda venir a la cabeza, pero... ¿conoces la historia de Funko Pop? Hoy repasamos las mejores curiosidades, los Funkos más caros y la gran pregunta: ¿Cuántos Funkos existen?
Si vives en este planeta, conoces Funko Pop. Los muñecos cabezones se han convertido en regalo habitual y en el capricho friki por excelencia para cientos de miles de consumidores repartidos por todo el globo que desean exhibir éste o aquel personaje adulado de su serie, película, videojuego, cómic o entorno pop favorito. Hasta se ha rumoreado con una película basada en Funko que estaría en producción.Hay a quienes les gustan más y a quienes les gustan menos, pero a todos nos ha recorrido en algún momento ese gusanillo de interés cuando hemos visto una figura inesperada por la que lanzaríamos nuestra cartera a la cara del vendedor. No te hagas el duro; a ti también te ha pasado. Funko Pop factura miles de millones de dólares cada año gracias a su franquicia de figuras cabezonas que ya son objeto de coleccionismo digno de los mejores escaparates. Y, como en toda historia de éxito, el nacimiento y explosión de la franquicia es uno de los que merece la pena conocer.
Hoy, en Hobby Consolas, os contamos la historia de Funko Pop, algunas de sus curiosidades más interesantes, cuáles son las figuras Funko más caras y cuántos Funkos existen en todo el mundo. Si notáis cómo vuestra cabeza se ensancha y dos pintas negras ocupan vuestros ojos, estáis en el reportaje adecuado.
Historia de Funko
Esta historia comienza, cómo no, en el garaje de una casa en los Estados Unidos. El lugar donde se forjan los sueños, sean en forma de videojuegos, de empresas pioneras de tecnología o, en este caso, de figuras de coleccionismo. En 1998, Mike Becker, un amante de la cultura de los 60, fundó junto a sus amigos artistas Rob Schwartz y Sean Wilkinson la empresa Funko, creando sus primeras figuras en su casa en Snohomish, Washington.
Becker era un amante de Big Boy, la mascota de la famosa cadena de hamburgueserías estadounidense, y quería hacerse con una figura de ese personaje tan retro. Las réplicas, sin embargo, eran más caras que la sangre de unicornio, por lo que decidió crear su propio muñeco. El resultado fue tan bueno que los tres emprendedores comenzaron a producir en cadena diferentes personajes que los inspiraban. Nacía así uno de los fenómenos culturales más potentes del siglo XXI.
El creador de Funko rechazó licenciar a deportistas de élite de béisbol porque prefería centrarse en figuras de ficción que no acarreasen otro tipo de problemas; incluso rechazó ofertas de Disney debido a sus restricciones para la fabricación de los muñecos cabezones.
La empresa continuó creciendo gracias al apoyo desinteresado de aficionados que colaboraban como voluntarios, pero los niveles de producción, la expansión del negocio y los cientos de frentes abiertos llevaron a Mike Becker, antes de sucumbir ante el estrés, a vender Funko a su amigo Brian Marotti en 2005. Nacía una nueva era para los muñecos cabezones.
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